En el corazón del Sahel, Mali enfrenta una crisis humanitaria sin precedentes. Mientras el ejército francés se retira, civiles armados con rifles antiguos y creencias tradicionales defienden sus tierras contra células yihadistas equipadas con armamento moderno. Mauritania, en contraste, ha logrado frenar el avance terrorista mediante una estrategia integral que combina operaciones aéreas, patrullas terrestres y presencia estatal. Este documental revela las fracturas profundas de una región donde la ausencia del Estado alimenta el extremismo.

En pocas palabras

El Sahel sufre una invasión yihadista que expande su control territorial diariamente. Mali, abandonado por Francia, depende de milicias civiles armadas con armas antiguas. Mauritania, en cambio, ha restructurado su ejército y logra contener a los terroristas mediante vigilancia aérea, patrullas especializadas y presencia estatal en zonas remotas.

El Sahel es una región del tamaño de Europa donde el caos reina. Grupos yihadistas avanzan sin control, cometiendo ataques diarios, asesinatos y saqueos. Los ejércitos nacionales africanos luchan por mantener el orden, pero sus esfuerzos son insuficientes. La retirada del apoyo militar francés ha dejado un vacío que los extremistas islámicos aprovechan sin piedad. En Mali, la situación es crítica: el Estado ha colapsado en vastas zonas, obligando a los civiles a tomar las armas para sobrevivir.

En el corazón de Mali, la milicia Dan Na Ambassagou defiende la meseta Dogón con mil hombres equipados con rifles antiguos y amuletos tradicionales. Estos guerreros "dozo" enfrentan a yihadistas armados con Kalashnikovs y lanzacohetes en temperaturas de 45 grados, sin agua ni comida suficiente. Su resistencia es el último bastión para 300,000 personas. El comandante Martó y sus hombres patrullan acantilados inhóspitos, reciben instrucciones de su líder Yusuf Tolobá, quien vive en constante movimiento para evitar ser asesinado. Estos civiles no reciben apoyo del gobierno maliense ni de fuerzas internacionales; sus armas provienen de yihadistas que han matado en combate. La población local los sostiene con provisiones, pero el costo es brutal: siete hombres de Martó murieron en un ataque que duró seis horas.

Mauritania representa el contrapunto. Su ejército ha sido restructurado desde 2009 con unidades especializadas (GSI) que patrullan la frontera de 2,000 km con Mali. Aviones de combate brasileños y antiguos DC3 equipados con sensores térmicos rastrean vehículos yihadistas. El coronel El-Khalil comanda gendarmes a lomos de dromedarios que recorren el desierto durante semanas, recopilando inteligencia y manteniendo presencia estatal. El gobierno mauritano también acoge a decenas de miles de refugiados fulanis y tuaregs, proporcionándoles seguridad y oportunidades de vida. Esta estrategia integral—seguridad militar, presencia estatal, cuidado de la población—ha frenado el avance yihadista donde Mali ha fracasado.

Puntos clave

  • Mali enfrenta un colapso estatal que obliga a civiles a formar milicias con armas antiguas contra yihadistas equipados modernamente, sin apoyo gubernamental ni internacional
  • La retirada francesa del Sahel ha dejado un vacío de poder que los grupos extremistas islámicos explotan para expandir su control territorial y aplicar la Sharia
  • Mauritania ha logrado contener el yihadismo mediante una estrategia integral: ejército profesionalizado, vigilancia aérea con sensores térmicos, patrullas especializadas y presencia estatal en zonas remotas
  • Los conflictos entre agricultores y pastores, exacerbados por la guerra, son aprovechados por los yihadistas para reclutar combatientes entre poblaciones marginadas y perseguidas