No se puede ser socialista y buena persona. No se puede.
Antonini de Jiménez desmonta el relato antiempresarial y expone cómo los dirigentes sindicales viven del empobrecimiento de los trabajadores.
Antonini de Jiménez cuestiona el discurso socialista que ha dividido a Bolivia durante 20 años. Argumenta que los verdaderos oligarcas no son empresarios, sino quienes viven de contratos públicos. Critica duramente a los dirigentes sindicales que bloquean reformas liberales, señalando que solo el 14% de trabajadores están afiliados y que estas medidas de presión buscan mantener el control, no defender derechos. Propone despertar el espíritu empresarial boliviano como única salida.
En pocas palabras
Los oligarcas no son empresarios, sino quienes viven de contratos públicos. Los verdaderos empresarios satisfacen necesidades en la calle y piden un precio justo. Los dirigentes sindicales, con solo el 14% de afiliación, bloquean reformas para mantener su poder parasitario. Bolivia necesita liberalizar mercados y despertar el espíritu empresarial de su pueblo.
Durante 20 años, Bolivia ha sido dividida por un relato que enfrenta a oligarcas contra trabajadores empobrecidos. Pero este discurso oculta una verdad incómoda: los verdaderos oligarcas no son empresarios. Un oligarca es quien vive de contratos públicos, quien abandona el ministerio para convertirse en empresa del ministerio. Un empresario verdadero es quien ve una necesidad en la calle y la satisface, pidiendo un precio justo por ello. Eso no es malo; es lo mejor que le puede ocurrir a una sociedad.
Los dirigentes sindicales que hoy bloquean y presionan al gobierno representan apenas el 14% de los trabajadores afiliados. No defienden a los trabajadores; viven de ellos. Necesitan que los trabajadores permanezcan pobres, sin clientes propios, dependientes de jefes. Porque mientras haya jefes, hay quién domina. Pero si cada persona tiene clientes, vive de ellos, no debe nada a nadie. Por eso el socialismo odia a los empresarios: porque la libertad económica acaba con su control. Estos dirigentes no quieren sacar al gobierno porque les caiga mal el presidente; quieren recuperar el esquema anterior porque en un país libre, ellos se quedan sin trabajo.
Bolivia tiene una esperanza de vida de 69 años y un PIB per cápita de $4,000, el más bajo de Sudamérica. Pero posee una capacidad infinita para convertirse en potencia regional. La solución no es un término medio entre capitalismo y socialismo. Es despertar el espíritu empresarial que anida en el corazón de todo boliviano. Liberalizar mercados, permitir que empresas privadas compitan eficientemente, confiar en que los bolivianos son capaces de ganar dinero y hacerse millonarios. No el consenso de Washington, sino el consenso del Titicaca: jóvenes y organizaciones libres construyendo un nuevo rumbo que abra las ventanas de la libertad.
Puntos clave
- Los oligarcas no son empresarios sino quienes viven de contratos públicos y manipulan el Estado para enriquecerse
- Los dirigentes sindicales representan solo el 14% de trabajadores pero bloquean reformas para mantener su poder parasitario sobre los empobrecidos
- El verdadero empresario satisface necesidades en la calle y pide un precio justo; eso es lo mejor para la sociedad, no lo peor
- Bolivia debe liberalizar mercados, despertar el espíritu empresarial de su pueblo y permitir que los ciudadanos sean libres para ganar dinero sin cordones



